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La Plata, Buenos Aires, Martes 18 de Febrero de 2020 -  03:05 am 
OPINIÓN

17-01-2020

"¿Las Marchas y recuerdos son para silenciar?", por Emilio Augusto Raffo


Hace 5 años se difundió una nota titulada “Marcha…del silencio?” en la misma me permitía preguntar:

“¿La marcha del silencio es un homenaje al fiscal Nisman o un atentado a su memoria y a los demás muertos en democracia? Esta es una pregunta que me permito incorporar al debate producido a raíz de su trágica muerte." (20/2/2015, Realpolitk, nota de mi autoría)

Está claro que, desde entonces, la gran mayoría de los argentinos deseamos, fervientemente, el
esclarecimiento de su muerte y saber cuáles pueden haber sido los motivos que la hubiesen provocado, cualquiera fuese su origen.

Con motivo de la “Marcha del Silencio”, convocada por los Fiscales (sus colegas), decía: “Nadie
puede poner en duda el legítimo derecho a manifestarse y expresar sus ideas y sentir pero entiendo, humilde y respetuosamente, que en muchos casos (y este es uno de ellos) lo que se impone es decir, hablar, demandar por lo que se considera justo.” En el caso, el total esclarecimiento del suceso Miles de ciudadanos marcharon el 18 de febrero de 2015 bajo la consigna “Homenaje al fiscal Nisman. Marcha del Silencio”, bajo esa consigna inicial y pasos más atrás de los fiscales (aparentemente) convocantes, la mayoría del arco político partidario opositor esgrimía sus conclusiones procurando sacar rédito a su accionar. En consecuencia, el sórdido discurso tenía las más variadas concepciones, sentir, banderías y objetivos.

Compartía, en aquel momento la idea de requerir al gobierno de aquel tiempo decisiones rápidas,
efectivas y conducentes para arribar al fin querido por todos: la aclaración de la muerte, autores y sus causas. Pensamiento que, al presente, mantengo

Para ello, aunque parezca una verdad manifiesta, nuestro sistema republicano requería al ejecutivo de entonces, y a todos los posteriores, poner a disposición cuanto estuviese a su alcance (el haber relevado del deber de confidencialidad a un ahora renombrado ex agente de inteligencia y el dictado del decreto 395/15 de desclasificación de documentos fue una clara señal); al Judicial, administrar justicia manteniendo un criterio independiente de todos sus integrantes y accionar eficaz; y al legislativo, imponer a sus componentes sentarse a debatir en el recinto y en las comisiones cuanto proyecto de ley sea puesto a su consideración. Los tres poderes de gobierno en la misma dirección que la Constitución Nacional les impone.

Memoria, Verdad y Justicia era la consigna de Madres y Familiares de detenidos desaparecidos que marchaban en Plaza Mayo. Era lógico el lugar elegido, sus hijos y familiares habían sido chupados desde el ilegítimo ejecutivo de la dictadura de aquel tiempo.

Hoy, como ayer, nuestro reclamo es el mismo en este caso particular, pero -a mi entender- el
destinatario debería ser otro: El Poder Judicial, en cuya órbita exclusiva y excluyente se encuentra la potestad y posibilidad de esclarecer tan trágico hecho.

Lamentablemente, debemos resaltar que han existido muertes intolerables desde el restablecimiento del sistema republicano, algunas de ellos resueltas, otras no y, obvio es decirlo, ninguna justificada.

Comparto la idea de marchar a viva voz -reclamando Memoria, Verdad y Justicia- para Nisman,
Favaloro, Menem (h), Kosteki, Cabezas, Santillán, Ferreyra, Fuentealba, López, las víctimas del
puente de Corrientes (gobierno Alianza diciembre de 1999), los muertos y heridos de AMIA, los
asesinatos de diciembre de 2001, el atentado a la Embajada de Israel, Maldonado, Ara San Juan, etc.

Los 700 procesados y condenados (civiles y militares) por delitos de lesa humanidad, no bastan. La Justicia, Verdad y Memoria debe ser para todos. Y esa es la tarea que les incumbe a los jueces y fiscales, hubiesen marchado el 18F o no. Lo hagan, o no, al cumplirse 5 años del trágico suceso que motiva esta nota. Sostenía, entonces, que no bastaba marchar en silencio, era y es legítimo el reclamar de viva voz, para esclarecer debidamente la muerte del ex Fiscal, los motivos por los cuales, aún hoy no se difundan las razones de las innumerables llamadas entre agentes de inteligencia en las horas previas al conocimiento del deceso, incluso de aquellos que no se sabe a ciencia cierta si eran o no verdaderos agentes de servicios (orgánicos e inorgánicos), el origen del dinero no declarado por el ex Fiscal ( las
razones de paralizar la causa que diera origen a esta cuestión, a cargo del Juez Bonadío hoy intimado por la Cámara a desparalizarla), esclarecer los elementos retirados por la propia madre del Fiscal de diversas cajas de seguridad, de público y notorio, si las escuchas en que pretendió basar su denuncia eran de 2012, y el cuestionado memorándum de entendimiento era de 2013, cuáles fueron las causas para demorar hasta 2015 para formular la denuncia – intempestivamente y abandonando un viaje de placer con sus hijas?- y, finalmente, la dilucidación de la flagrante contradicción entre las conclusiones de los Peritos del Cuerpo Médico Oficial de la Corte de Justicia y de los convocados por la Gendarmería Nacional, entre otras cuestiones. Intrigas estas meramente enunciativas.

Mucho se ha hablado de suicidio o de un homicidio.

Recientemente se han difundido las declaraciones de la ex Fiscal de la Causa Dra. Fein, quién dice que, a su criterio, concluye que se trató de una instigación al suicidio. Criterio éste que aparece coincidente con el de uno de los principales sospechados del atentado AMIA, Moshen Rabbani. La comparencia de la ex Fiscal y de la Jueza entonces interviniente, y profundización de ésta línea investigativa entonces, deviene inexcusable.

Hemos tomado conocimiento de innumerables artículos y trabajos de averiguación en la materia, pero parecería que estamos ante un estancamiento de la investigación y hasta de una visión o apreciación sesgada del triste suceso.

Es hora de difundir con seriedad todas las actuaciones obrantes en el expediente y con la mayor
transparencia y celeridad buscar el esclarecimiento de la causa, y de ser necesario, determinar las responsabilidades materiales y/o políticas (como ocurriera en otros casos), establecer si hubo intenciones de ocultar evidencias o desviar – judicial o mediáticamente - la investigación sancionando a los responsables: Todo ello sin estridencias, sin eufemismos y sin hipocresías. Y en tal sentido explicarse e investigarse, con minucioso casuismo, las razones por las cuales no se ha convocado, aún, al ex Jefe de Interpol Ronald Noble quién ha manifestado, hasta el cansancio, que el Gobierno de entonces – y los principales acusados en la denuncia de Nisman - salvaguardaron el criterio de mantener vigentes las “alertas rojas” de los sospechados del brutal atentado.

Se acabó la época del silencio….

(*) Emilio Augusto Raffo, experto en legislación electoral y observador electoral internacional.

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