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La Plata, Buenos Aires, Viernes 22 de Noviembre de 2019 -  05:19 am 
OPINIÓN

18-10-2019

"El buen vivir como meta estatal", por Ana María Pardo


Los Estados soberanos y democráticos deben plantearse urgentemente una agenda que contribuya, reconozca y garantice a todas las personas y colectivos, entre otros derechos, los referidos a una cultura de paz, integridad personal, seguridad humana, protección integral y armonía con el ‘Buen Vivir’. Esta nueva perspectiva sobre la seguridad interpela a varios ámbitos del poder del Estado e implica lineamentos y políticas estratégicas construidas desde y para un trabajo armonioso, compartido y sostenido en el tiempo.

El Buen Vivir requiere una transformación cultural en donde el Estado tenga a la Seguridad Integral como prioridad para vivir sin violencia y precautelar la sana convivencia. Para ello se requiere el fortalecimiento del Estado a favor del bien común, comprendiendo que el pensamiento y la acción estratégica comprometen a todos los estamentos y no puede ser producto de esfuerzos aislados.

La justicia debe dar el salto de calidad que la sociedad reclama y comprometerse con el perjuicio que provoca en el tejido social las muchas veces evidentes manifestaciones de su incapacidad para luchar contra la corrupción. Porque no hay seguridad mientras persista la impunidad. Consecuentemente, la reflexión y la voz del Ministerio de Justicia son vitales.

La desigualdad social que pervive a lo largo de la historia en nuestro país, con brechas económicas escandalosas dentro de nuestro sistema capitalista, en donde unos pocos ostentan sin pudor fastuosas riquezas mientras otros muchos no tienen lo elemental para llevar una vida digna, atenta deliberadamente contra la Justicia social, y con ello, anidan el resentimiento que casi inevitablemente detona contra la seguridad de todos. Las cárceles del país están superpobladas de personas pobres, con una cada vez más creciente presencia de jóvenes carentes de estudios, con familias desmembradas y sin contención, muchas veces atravesados por el flagelo de la droga y el alcohol. Por ello, la construcción de canales hacia las oportunidades de desarrollo individual y colectivo del entramado social, constituyen una demanda imposible de soslayar. En este sentido el Estado a través del Ministerio de Desarrollo Social, en tanto generador de políticas que propendan a ampliar las posibilidades de acceso a los derechos de todos, tiene un espacio relevante para la reflexión compartida en pos de aunar criterios para atender propositivamente la dura y compleja problemática.

Los discursos sobre la economía y el empleo están plagados de demandas hacia la educación. Sin educación la seguridad integral es una falacia que solo marea en un círculo vicioso de las buenas intenciones. Todo es un problema de educación, pero no solamente del sistema educativo. Las oportunidades laborales requieren de capacitaciones específicas pero también de otras variables que no se pueden desconocer como por ejemplo el entorno, el acceso a la tecnología, a las formas y modos que culturalmente son valorados. Es decir, las oportunidades reales, porque el sistema educativo solo no alcanza para impulsar el ascenso social.

El trabajo es el ordenador social por excelencia, mucho más que la educación. El horario, el lugar adonde tiene que dirigirse todos los días y su actividad constituyen el cansancio que justifica la dignidad del trabajador y trabajadora, traducida en sudor, su casa, su barrio, su obra social, su club, sus amigos… La persona que trabaja está integrada y con ella, su familia.

Se habla de calidad del trabajo o de trabajo genuino. Me pregunto: ¿Cuál es el concepto que realmente consideraremos para estos calificativos? ¿Acordaremos que tenga como componente la generación de bienes? Pues me parece que no. Hay mucho trabajo genuino que no genera bienes de manera directa, por ejemplo: el que educa, el que cura, el que cuida… no generan bienes en dinero, y si lo hacen, no es tangible de manera inmediata, sino a través del tiempo. La prevención es difícil de medir y encima no impacta en los medios de comunicación. Una vida que se cuidó, se curó, que no se accidentó, o que no se murió porque se previno, no es noticia. Sin embargo contribuye silenciosamente a crear una atmósfera real de seguridad integral para el Buen Vivir. Convengamos que en una sociedad el poder de policía debe aparecer cuando, de alguna manera, las otras acciones del Estado han fracasado.

Parte de otro texto será el arte, pero no puedo dejar de nombrarlo porque de qué sirve la vida y la idea del buen vivir, si no es para ser felices y en esto, las expresiones artísticas son claves, aunque excepcionalmente produzcan bienes.

La autora es Dra. en Gestión y Planificación de la Educación, Mgtr. en Evaluación Educacional, Licenciada en Educación, Licenciada en Creatividad Educativa. Docente e Investigadora.

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