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La Plata, Buenos Aires, Lunes 22 de Julio de 2019 -  03:22 am 
OPINIÓN

30-06-2019

"Convenio contra la violencia y el acoso en el mundo del trabajo", por Cintia S. Zippan


En el marco del Centenario de la Organización Internacional de Derecho de Trabajo se llevó a cabo la 108º Conferencia de dicho organismo.

Este evento tuvo lugar entre los días 10 al 21 de junio en la Cuidad de Ginebra, ciudad que ha sido escenario de grandes luchas y desafíos para el mundo del trabajo. Pero lamentablemente y desde la pesimista visión de quien escribe, de muy pocas conquistas que redunden en beneficios para los trabajadores.

Cabe destacar que la composición tripartita (representantes de los Trabajadores, de los Empleadores y de los Gobiernos) enaltece a esta organización y es lo que le da su nota característica, ya que es el único organismo de las Naciones Unidas que detenta esta particularidad. Todas las partes involucradas en las normas que en ella se regulen y sobre las que causen efectos, confluyen en forma conjunta a negociarlas en un mismo lugar y en un mismo momento.

Este año la asamblea tuvo el arduo trabajado de debatir dos documentos importantísimos para los sujetos involucrados en el mundo del trabajo.

Uno, ni más ni menos que el documento del centenario o declaración del centenario, titulado “Declaración del Centenario Para el Futuro del Trabajo”, referido al nuevo paradigma laboral en el que nos encontramos inmersos y pensando de cara al futuro, teniendo en cuenta la justicia social como motor del cambio estructural y la figura del ser humano en el centro de la escena, como motor, sujeto protegido y destinatario de los frutos del cambio. Todo ello en marco de una “nueva versión “del contrato social, agiornada a estos nuevos tiempos.

Respecto del segundo documento, o bien podríamos decir segundo y tercer documento por que consta de un convenio donde se plasman las cuestiones netamente de fondo y una declaración en la que se pueden observar cuestiones un poco más operativas o de forma, el cual se titula “Convenio Sobre la Eliminación de la Violencia y el Acoso en el Mundo del Trabajo”, haré este breve análisis:

CON BOMBOS Y PLATILLOS

El tan esperado y sumamente prometedor convenio se instaló rápidamente en el centro del debate, convirtiéndose en la vedette de la asamblea.

Con una mayoritaria participación de mujeres en esta Comisión, se dio comienzo al tan esperado tratamiento.

“El documento iría en contra y condenaría cualquier acto de violencia o acoso ejercido por los malos empleadores en contra de los trabajadores”. Al día de hoy, si bien muchos estados ya han implementado legislación al respecto, no existe un consenso unificado, y mucho menos desde la OIT, relacionado sobre esta materia y que se ha dado dentro del mundo del trabajo específicamente.

Por ende, “las expectativas eran enormes”. Sería un instrumento generador de nuevas conquistas para los trabajadores, más aun, para las trabajadoras”, quienes se habían puesto al hombro y levantado con orgullo dicha bandera. Íbamos a erradicar la violencia ejercida por los empleadores en contra de los trabajores.

SOBRE LOS ESPEJITOS DE COLORES Y LA PÉRDIDA EFECTIVA DE DERECHOS

No obstante, el hermoso escenario que se describió, previo al inicio de la conferencia, ya se rumoreaba por Argentina (o por lo menos los entendidos en la materia lo hacían), que el convenio “venia medio flojo de papeles”, que el estado estaba haciendo la vista gorda sin dejar en claro su apoyo en forma contundente y el sector empresarial se negaba a apoyar el mismo si es que no se incluían “algunas sugerencias” propuestas por este.

¿En qué consistía el pedido más importante y que a mi entender cambio radicalmente el sentido del convenio? LOS EMPRESARIOS PIDIERON SER INCLUIDOS EN EL CONVENIO COMO SUJETO PASIBLE DE VIOLENCIA

Petición que, para mi asombro, fue aceptada por las otras dos partes de la negociación (Trabajadores- Gobiernos).

Respecto de la aceptación por la parte gubernamental, la misma no reviste mayor sorpresa, si tenemos en cuenta que el propio estado hace a las veces de empleador.

De allí en mas, menudo desastre. La inclusión de la figura del empleador como sujeto pasible de derecho ha echado por tierra los pilares básicos que sostienen la legislación laboral, se ha dejado de lado la hiposufiencia negocial que detenta el trabajador en la relación vincular y se ha puesto en pie de igualdad tanto a trabajadores como a empleadores.

¿Qué fue lo qué pasó? ¿Será que el fervor del momento nos hizo olvidar que el trabajador es la parte vulnerable de la relación laboral?

¿Será que para ese entonces ya había mucho que perder y se optó por el precepto “mejor un mal acuerdo…” y dejamos de lado que el trabajador es el sujeto de preferente tutela?

¿Acaso nos olvidamos que es el empleador el que tiene los “medios de producción”, el que ejerce el poder de dirección y el que abona los salarios?

¿No es eso ya suficiente poder para con el trabajador, que teníamos que darle una protección de rango internacional contra los “violentos trabajadores”?

¿Cuánto tardaremos en ver un despido por cuestiones de violencia o acoso contra la patronal, o un empleador reclamando su indemnización al trabajador? Recordemos que estamos en Argentina donde lo que sobra es ingenio.

Creo que para análisis del porqué de una elección que barrió con años de lucha y de conquistas en materia de derechos protectorios para el trabajador (a) ya es demasiado tarde.

Como no se puede tapar el sol con las manos, ahí va entre otros, el artículo de la discordia, o mejor dicho del infortunio: “Art 2 “El presente convenio protege a los trabajadores y a otras personas en el mundo del trabajo, con inclusión de los trabajadores asalariados según se definen en la legislación y en las prácticas nacionales, así como las personas que trabajan, cualquiera sea su situación contractual, las personas en formación, incluidos los pasantes y los aprendices, los trabajadores despedidos, los voluntarios, las personas en busca de empleo y los postulantes a un empleo, y los individuos que ejercen la autoridad, las funciones o las responsabilidades de un empleador.”

Bueno, como podrán imaginarse, los derechos y obligaciones que se negociaron de allí en más, aplicables tanto para trabajadores como para empleadores, por lo que, más que algunas maniobras distractoras (como para no mostrar excesiva convivencía), no hubo grandes resistencias por parte de los empleadores. Al fin y al cabo, ya tenían la victoria asegurada.

CONCLUSIÓN

A modo de corolario, y disculpándome por exponer mi faceta pesimista, en un momento tan emotivo y “victorioso” ¿?, debo decir, nobleza obliga, que el objetivo proteger a la víctima, de prohibir y con ello consecuente eliminar la violencia y el acoso en el mundo del trabajo, sin distinción del sujeto que provenga, también es parte del camino hacia el ideal de justicia social, y aunque por momentos las victorias sean sesgadas o lo sean a medias, la única forma de alcanzar la meta, será mediante el diálogo social que incluya a todos los actores involucrados. Y aunque en ocasiones haya mejores o peores escenarios para dialogo, que el mismo se mantenga siempre bajo el ala del tripartídismo.

*La autora es Abogada, Apoderada Sindicato de Comercio Avellaneda - Lanús
Especialista en Derecho Laboral – Universidad de Salamanca
Integrante de la comitiva argentina en la 100° Conferencia de la OIT (parte trabajadora)

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