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La Plata, Buenos Aires, Sábado 23 de Febrero de 2019 -  10:03 pm 
CULTURA

07-02-2019

Teatro: "Mi hijo sólo camina un poco más lento" vuelve a escena


Mi hijo sólo camina un poco más lento, la obra que fue, desde su estreno y durante bastante tiempo, el suceso del circuito teatral alternativo, está de regreso, y hace su desembarco en una sala diferente, con mayor capacidad de espectadores: los lunes a las 20:30 en el Teatro Picadero, el emblemático espacio del Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, que desde su reapertura pisa fuerte con sus propuestas la escena porteña.

A Guillermo Cacace le ofrecieron dirigir esta obra del joven dramaturgo croata Ivor Martinic como parte del festival Europa+América. Si bien, según cuenta el director, en principio tuvo sus dudas, tras la lectura del material se halló a sí mismo tan conmovido que aceptó el encargo. El resultado es esta puesta en escena cuya repercusión tomó por sorpresa a todo el mundo, incluido el equipo creativo.

En un principio, Mi hijo sólo camina un poco más lento se representaba en horarios poco habituales: los fines de semana, a la hora del mediodía. Ante la demanda, que llegó a provocar que las reservas tuviesen que ser hechas con meses y meses de anterioridad, sumaron funciones por la tarde, siempre evitando el habitual horario nocturno en que tienen función las obras de teatro.

Sin contar con una maquinaria publicitaria enorme, ni entre el elenco nombres reconocidos de la televisión o el cine que convoquen público por sí solos, la obra contó sólo con el llamado boca a boca, la recomendación entre espectadores que habían ido a verla, para llenar una tras otra las funciones. Hoy el milagro tiene su adaptación, y no sólo se muda a una sala más grande, sino que también se presenta en el horario de las 20:30 los días lunes.

Branko, un joven aquejado por una enfermedad sin nombre que le impide caminar y lo obliga a moverse en silla de ruedas, cumple años. Todos a su alrededor, tanto su familia como una amiga atraída por él, están expectantes, esperan con ansia los festejos. Pero los cumpleaños, tal como se sabe, también suelen ser fechas que a uno le ponen la sensibilidad a flor de piel, por lo que no tardan en aparecer los balances, los arrepentimientos y el dolor.

Aunque en la pluma de Ivor Martinic resida gran parte de la fuerza de Mi hijo sólo camina un poco más lento, es necesario destacar que sin la dirección de Guillermo Cacace ni el trabajo de los actores sería impensable lo que sucede entre el público cada vez que empieza la acción: un ensamblaje que funciona a la perfección, llevando a la escena una propuesta que sin dejar de arriesgarse artísticamente, conmueve a los espectadores.

Por empezar, la puesta en escena decide revelar el artificio. Se está ante una obra de teatro, y por eso los actores se mueven libres por el espacio hasta que empieza la función y son convocados por el drama. Uno de los actores se encarga de decir en voz alta las didascalias, aquellas líneas que dictan los movimientos en las escenas, porque para imaginar no hace falta ni siquiera ver una simulación. Por último, el gran acierto se debe a que el trabajo actoral en verdad es coral, la potencia radica en el conjunto y no en las individualidades, cuyo sobrado talento por otra parte no se puede discutir.

Mi hijo sólo camina un poco más lento es, sin ánimo de exagerar, una de aquellas joyas que muy de vez en cuando el teatro comparte con el público. Quien no haya tenido la oportunidad de verla en el circuito alternativo, quizá pueda ahora quitarse las ganas en el Teatro Picadero. La conmoción de los espectadores a la salida de cada función no miente: ahí dentro sucede algo parecido a la magia.

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