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La Plata, Buenos Aires, Sábado 15 de Diciembre de 2018 -  10:43 pm 
OPINIÓN

03-09-2018

"Cambios en el Gabinete: No se trata de cambiar el collar, se trata de dejar de ser perro", por Raúl Ferrara


Han pasado ya casi 3 años del inicio del gobierno de Mauricio Macri durante los cuales hemos esperado pacientemente la llegada del “segundo semestre”, los “brotes verdes” y la “lluvia de inversiones” de la mano del “mejor equipo de los últimos 50 años” y ha quedado claro no solo que nada de ello ha ocurrido sino que la “Gestión M” ha estado signada por inflación galopante, endeudamiento récord, aumento de la pobreza, pérdida del poder adquisitivo de la población, vuelta al FMI y ajuste… mucho ajuste.

Es evidente que lo que el presidente y su equipo califican como “tormenta” o “turbulencias”, es en realidad una profunda crisis económica y fundamentalmente política cuyos responsables no hay que buscar ni el exterior ni en la oposición sino en el propio seno de la Alianza CAMBIEMOS. Si algo ha caracterizado a los miembros de esta gestión, a pesar de sus públicos elogios, son las internas, intrigas y traiciones palaciegas… Y los resultados están a la vista.

Nada de esto sería novedad si no fuera por la (hasta ahora) Semana Negra, en la que el presidente le habló a los mercados y los mercados hicieron tronar el escarmiento, poniendo en evidencia que la paciencia se ha agotado. A ello se sumaron las multitudinarias marchas en rechazo al recorte en las Universidades, la convocatoria de la CGT a un paro general para el mes de septiembre después de la salida de Camioneros cansado de la pasividad cegetista, los incipientes cacerolazos, la represión a los trabajadores estatales que reclamaban en Agroindustria por más de 500 despidos y un nuevo pedido de salvataje al FMI.

En ese escenario, se empezó a delinear una nueva estrategia para recuperar la fortaleza política perdida: la cirugía mayor.
Recorte y fusión de ministerios, desplazamiento de figuras desgastadas o fracasadas y regreso con gloria de figuras que estaban en el banco por animarse a criticar. Lo cierto es que nadie puede creer seriamente que la reducción de la estructura ministerial es una medida pensada para la reducción del gasto público, pues su impacto es ciertamente insignificante. Se trata de una medida con un objetivo netamente político, con ganadores y perdedores.

La realidad señala que Triaca entraría en el equipo de los derrotados ya que la cartera laboral sufriría una degradación a través de la fusión con otra área, mencionándose a Modernización y a Producción como las posibles carteras de las cuales dependería.
El actual Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social cuenta con tres Secretarías históricas, las de Trabajo, de Empleo, de la Seguridad Social; y tres incorporaciones de la Gestión Triaca: las de Atención Ciudadana y Servicios Federales; de Promoción, Protección y Cambio Tecnológico; y de Coordinación Administrativa, por lo que no sería descabellado pensar un desmembramiento e incorporación parcial a aquellas carteras.

La medida admite varias lecturas.

La primera es personal y tiene que ver con el éxito o el fracaso de la gestión Triaca al frente de la cartera. Desde la interna del gobierno, la confirmación de la fusión o degradación del área sin su figura ratifica los rumores que se escuchaban desde comienzo de año y que ponían al desgastado ministro al tope del ranking de peor imagen del gabinete. .

Su gestión, más allá de los escándalos mediáticos y las permanentes internas en su propio gabinete, ha sido duramente cuestionada por todos los sectores. Los que se encuentran enfrentados con el gobierno lo hacen a viva voz y los más afines (sindicatos y también empresarios) lo hacen entre bambalinas y en voz baja, coincidiendo en el diagnóstico de una “no gestión”.

La “no gestión” de la cartera laboral constituyó el mecanismo de implementación de una flexibilización laboral de hecho: subejecución o abandono de programas activos de defensa del empleo, despidos masivos ante un estado espectador, techo a la negociación colectiva, declaraciones públicas contra los abogados laboralistas, promoción de juicio político a jueces laborales, multas exorbitantes e intervención de sindicatos. A ello se agrega una vergonzante reforma previsional, una la ley de riesgos del trabajo que en vez de poner el énfasis en la prevención lo hace en obstaculizar el acceso a la justicia y un proyecto de reforma laboral con estado legislativo tendiente a precarizar aún más el empleo.

Lo curioso es que frente al duro y unánime cuestionamiento personal al ministro y a la crisis político institucional mas grave de la era Macri, el presidente en vez de buscar una salida para adelante en la que el trabajo posea centralidad, opta por una salida para atrás: la desaparición o degradación del área en la que confluyen las fuerzas productivas.

La segunda lectura es institucional. El Ministerio de Trabajo, adquirió ese rango ministerial en el año 1949 bajo el gobierno del General Perón y en sus casi 70 años de existencia, solo perdió la jerarquía en el periodo 1966-1971 durante la dictadura cívico-militar de Onganía primero y de Levingston después.

La desjerarquización del área, además de un retroceso histórico, tiene el efecto no solo simbólico sino concreto de expresar el lugar que ocupa EL TRABAJO en las políticas públicas para el actual gobierno: una variable más de la economía que debe dejarse librada a los avatares del mercado.

Esa expresión se ejecuta con la pérdida de autonomía presupuestaria inherente al nuevo rango, la necesaria restructuración de planteles de personal y las seguras supresiones de estructuras inferiores con sus respectivos programas. Achicar el Estado no es necesariamente sinónimo de eficiencia sino más bien de abandono de políticas públicas.

Pareciera que con esta medida el presidente ha decidido dar certezas al mundo del trabajo: la certeza de que ocupa un rol secundario en su agenda y que se vienen tiempos de mayor ajuste.

* Es abogado laboralista y docente de Derecho Sindical III para la Diplomatura Universitaria en Actividad Sindical de la UNLZ. Se ha desempeñado como Director Nacional de Fiscalización del MTEySS, Director Provincial de Asuntos Legales y Director Provincial de Inspecciones del MTBA, ha sido además consultor externo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

** Frase del título: Arturo Jauretche.

*** El artículo fue publicado originalmente en el portal Mundo Gremial

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