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La Plata, Buenos Aires, Miércoles 14 de Noviembre de 2018 -  06:11 am 
CULTURA

15-06-2018

Pedro Aznar: “Siento que se cumplió más que un círculo y quise cerrarlo con llave de oro”


Pedro Aznar vuelve mañana a La Plata, una plaza que, confiesa, le resultó “difícil durante bastante tiempo” pero que hoy “se convirtió en uno de los puntos más altos de las giras por la cálida atmósfera que se crea”. El Coliseo Podestá, el hogar que lo acoge en sus últimas visitas a la Ciudad, volverá a recibirlo, aunque esta vez Aznar no estrenará su show ante los platenses sino que traerá el espectáculo con el que llenó otro Teatro Coliseo, el porteño, y que repasa en clave íntima sus 35 años de carrera.

“Resonancia”, el nombre que ha dado al recorrido por sus composiciones más emblemáticas en formato unipersonal, es también el título de un box con toda su discografía que, acompañado de un EP con cuatro canciones nuevas, un disco doble de esenciales y un libro, completa la experiencia, en la que, raro en el artista, acostumbrado al perfil bajo, Aznar deja ver los secretos íntimos de su música: tanto en los textos que acompañan el box, donde cuenta detalles e historias de cada álbum, como sobre escena, donde Aznar se encuentra solo y “loopea” voces e instrumentos en vivo y revela su estructura.

Al respecto, el artista, que promete repasar en La Plata su cancionero “en forma cronológica, como un viaje a través del tiempo”, dice, en diálogo con EL DIA, que “la cercanía que se logra en el formato unipersonal es muy especial. En muchos casos permite descubrir la esencia de las canciones, o asomarse a su arquitectura, como en el caso de ‘Because’, que hago en 3 tomas, superponiendo las voces e instrumentos grabándolos en vivo, convirtiendo el escenario en una especie de estudio de grabación”.

Y cuando esas cuidadas composiciones revelan su naturaleza, es cuando se expone la naturaleza detallista de Aznar. ¿Obsesivo? “No me gusta la palabra obsesivo”, responde. “Detallista, sí. Yo sé cómo debe sonar mi música, y no cejo hasta lograrlo. La gente que trabaja conmigo lo sabe y está conmigo, precisamente, porque tiene el profesionalismo y la capacidad necesarias”, completa.

Y agrega que “el que te diga que hace los discos como mejor le salgan y después se va a su casa a cocinar ravioles te está mintiendo. Todos se preocupan por lograr el mejor resultado, lo único que difiere es el modo”.

No me gusta la palabra obsesivo. Detallista, sí. Yo sé cómo debe sonar mi música, y no cejo hasta lograrlo”

Pero sobre el escenario, no aparece un músico frío y racional, un curador calculador, sino, al contrario, ese sonido cuidado y trabajado se esparce cálido, como la sonrisa tímida de Aznar, entre los presentes, irrumpiendo así en esa paradoja que a veces se construye entre los tipos cerebrales y los pasionales.

“La música es un arte y una ciencia. La razón sin corazón es un desierto helado, y la pasión sin dirección no da en el blanco”, profundiza el cantante y multiinstrumentista, y agrega que “la inteligencia tiene muchas facetas, y en el saludable equilibrio entre las racionales, las intuitivas y las afectivas se da la alquimia justa. Primero hay que aprender el ‘cómo’ para después olvidárselo y concentrarse en el ‘qué’, e intuir el ‘cuándo’ y que el corazón te diga ‘cuánto’”.

EL MOMENTO JUSTO

Se nota en Pedro Aznar, siempre un músico serio concentrado en su quehacer artístico, un hombre maduro: esa madurez, accede el compositor, lo llevó a aprovechar el número redondo y recordar su debut como solista, de 1982, con esta gira que opera de balance de una vida.

“Es el momento justo de madurez, de realización artística y de relación con el público. Siento que se cumplió algo más que un círculo, tal vez dos ó tres, pero sí es la conclusión de uno de esos ciclos, y me dieron ganas de cerrarlo con llave de oro, para pasar a lo que viene”, explica, y recuerda a aquel chico que, con apenas 23 años, salía de gira con Pat Metheny y grababa su primer trabajo solo, “Pedro Aznar”, en medio del apogeo de la banda a la que pertenecía, Serú Girán: “Era un chico lleno de esperanzas y ambiciones artísticas y de amor por la música, y puedo decir con alegría que eso, a pesar del paso del tiempo y de que no todo han sido rosas en mi camino, sigue intacto”.

“Ese jovencito”, el que lanzó aquel álbum, “está lejos en el tiempo, pero le debo lo que soy, y reconozco en él una decisión de no guardarse nada, de ‘poner el corazón a la parrilla’ que sigue siendo mi principal motor hasta el día de hoy”, cuenta Aznar, en relación a que, tan joven y miembro de una de las bandas de mayor perfil en la historia del rock nacional, sintió la necesidad de cortarse solo contra todo pronóstico en aquel año de independencia.

“Esa inquietud artística estuvo presente en mí desde mis primeros pasos como profesional a los 14 años. Siempre intuí que tenía que encontrar mi propio vehículo expresivo, y mi paso por los grupos con los que toqué fueron momentos felices y de mucho aprendizaje y enriquecimiento, pero la meta final era mi propia música”, revela.

Serú, de todos modos, fue “la mejor escuela que uno pueda imaginar. No sólo significó tocar con tres músicos que habían sido mis referentes en la pubertad, que cuando yo tenía 12 años, ellos ya eran archifamosos (en referencia a Charly García, David Lebón y Oscar Moro, ya fallecido), sino aprender el oficio de autor de canciones al lado de dos de los mejores compositores que dio el rock latinoamericano”.

¿Volverá alguna vez la superbanda que se dio el gusto de reunirse hace un lustro? “Eso no fue un regreso, sino una juntadita informal sobre un escenario en el que habíamos coincidido los tres esa noche”, advierte Aznar, “el regreso verdadero fue en 1992”. Y agrega: “Si volviéramos, sería porque a los tres nos dan ganas genuinas de hacerlo”.

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