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La Plata, Buenos Aires, Jueves 16 de Agosto de 2018 -  10:22 pm 
OPINIÓN

06-03-2018

"El sentir de la economía". Por Julián Denaro


Que la Economía Política genera fuertes sentimientos es una realidad que se manifiesta en todos los ámbitos de la sociedad. Los motivos parecieran encontrarse en el hecho de que el nivel de vida de la mayoría de la población, y la participación de la clase trabajadora en la riqueza total producida por el conjunto del país, son consecuencia de las decisiones de Política Económica de los gobernantes. Por el lado de los beneficios percibidos, se generan sentimientos de agradecimiento que muchas veces vienen acompañados por la admiración y el amor. Pero cuando aumentan los padecimientos y la sensación de exclusión, se intensifican los ánimos de rechazo y desprecio contra los gobernantes.

Bien oportuno es el ejemplo de que antes de ser presidente, a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión – hoy Ministerio de Trabajo – desde 1943, Juan Domingo Perón otorgó beneficios y mejoras para la clase trabajadora. Se consiguieron la jornada laboral limitada a ocho horas, las vacaciones pagas, el sueldo anual complementario (SAC o aguinaldo), y se puso en marcha la Legislación Laboral mas avanzada del mundo para ese momento. Todo esto significó una apreciable mejora en el nivel de vida de la clase trabajadora, al tiempo que molestó a los sectores concentrados de la economía, que no quieren compartir ni un poquito de la riqueza que generan producto del trabajo de las mayorías.



Las mayorías populares se sintieron valoradas y resguardadas por Perón, en tanto que las oligarquías dominantes entendieron a Perón como un enemigo del espíritu conservador del poder económico. Pues la historia ha demostrado cuán validas son las palabras de Perón, diciendo que la Economía libre no existe, ya que es siempre dirigida. O la maneja el Estado para conseguir la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo, o la manejan las corporaciones financieras trasnacionales, para someter a las Naciones a su propio interés, consiguiendo la desdicha de los pueblos oprimidos.



Y entonces también corresponde traer una descripción de Sigmund Freud, que en 1925 advirtió que si el gobierno está por lanzar una medida que favorece a las mayorías, pero que se enfrenta con los intereses de una pequeña minoría, esta lo que procede a hacer es tomar el poder de la prensa, a través de la cual trabaja la soberana opinión pública hasta interceptar aquella medida. Pues bien, aquí está el punto de análisis y de estudio al que propone convocar el presente escrito, ya que el mecanismo que utilizan los medios de comunicación para movilizar a las sociedades desprevenidas, es la instalación de sentimientos de rechazo hacia los gobernantes y respecto de las mismas medidas que curiosamente los favorecerían, cosa que indudablemente lo ejercen mediante mentiras y difamaciones.



Mi amigo el conocido Economista Juan Latrichano, dice que “lo perfecto es enemigo de lo posible”, por cuanto que se sugiere no atender a las imperfecciones sino a las consecuencias sociales, históricas y culturales de los conjuntos de medidas aplicadas en los distintos períodos, ya que su tendencia no es azarosa sino producto de las más profundas intenciones. Con Perón, el país pasó de estar endeudado e importar hasta los alfileres que usaban las modistas, a convertirse en un país agropecuario, industrial, tecnológico, científico, marítimo y aéreo, con pleno empleo y sin deuda externa, con todas las empresas de servicios y los ferrocarriles nacionalizados. Esto no fue casualidad sino obra de un Plan diseñado estratégicamente para incentivar la industria generadora de empleo y proteger la plata de nuestro pueblo. Se controlaron las importaciones, se utilizó el superávit de exportaciones para financiar el desarrollo, y se nacionalizaron las empresas extranjeras que retiraban continuamente dinero de nuestro país, como ejemplos de ese conjunto.



El plan geopolítico de dominación anglosajona había advertido un peligro en la pujante Argentina. Son los mismos que destruyeron Paraguay, en la guerra de la triple alianza, porque era la potencia industrial de Latinoamérica a mediados del siglo XIX y los que intervinieron militarmente a tantos países cuando los creyeron una amenaza que pudiera combatir con su poder. Siempre utilizaron a las serviles oligarquías que manejan los medios de comunicación para instalar sentimientos contrarios a los intereses de las mayorías. En 1955, además, utilizaron las Fuerzas Aérea y Marina de nuestro propio país para derrocar al gobierno popular. Desde entonces, se destruyeron las leyes laborales y se volvió a endeudar al país, haciéndolo participar de los circuitos financieros que desangran a las industrias crecientes.



La liberalización de las importaciones y el auge de la especulación financiera en desmedro de una sociedad organizada en función de la producción industrial que genera empleo, llevó a la Argentina a un colapso a fines del 2001. El sentimiento era: “que se vayan todos”. El mayor desprecio a la clase política de nuestro país en su historia. El desempleo orillaba el 30%, la pobreza superaba el 50% y el endeudamiento era más que la producción total del país en un año y medio (167%), además de que todas las empresas estaban extranjerizadas, como antes de Perón.



El 25 de mayo de 2003 asume la presidencia Néstor Carlos Kirchner, quien enuncia que “no vamos a pagar la deuda con el hambre de nuestro pueblo (…) si quieren que les paguemos, déjennos crecer”. Las herramientas económicas son parecidas a las empleadas por Perón, y en poco tiempo nuestro país volvió a tener un desempleo de un solo dígito, su pobreza reducida, la deuda externa disminuida y la producción nacional generadora de empleo se volvió el centro de todas las decisiones, apoyándose en un marco legal que protege a las mayorías y que promueve la inclusión social, anclándose en políticas de distribución de ingresos. Nuevamente, esto molestó a las oligarquías que manejan los medios de comunicación y que gustan de recibir consejos de los núcleos financieros del poder mundial, a cambio de favores y comisiones.



Argentina vuelve a formar parte de los 20 países más poderosos del mundo (PBI en el puesto 20 de 190 países según el FMI), siendo el 8vo país más grande del mundo y 30º en población. El desempleo en 2015 era menor al 6%, la pobreza menor al 20% y la deuda externa en dólares de apenas el 10% del producto anual del país (PBI). Todo esto, más el desarrollo del turismo interno como nunca antes, centros culturales y de recreación gratis para el pueblo, la nacionalización de empresas emblemáticas como Aerolíneas Argentinas e YPF, la construcción de numerosas universidades nacionales, públicas y gratuitas, 16 de las cuales están en el conurbano bonaerense, escuelas, rutas, hospitales y el otorgamiento de asignaciones y subsidios que ayudaron a un porcentaje importante de los más vulnerables, generaron un profundo sentimiento de amor al llamado Modelo Nacional y Popular.



Pero a través del manejo de los medios de comunicación, fueron instalando rechazo en una buena parte de la sociedad. Muchos no querían que con sus impuestos se financie la ayuda a los más pobres. Pero sin pensar que si los más pobres tienen plata, eso lo vuelcan al consumo, que se satisface con producción generadora de empleo, suma que resulta en una mejora para todos los sectores. Algunos no querían pagar más caro el dólar para ahorro, y llegaron a llamar dictadura al período kirchnerista, sin advertir que el control de las divisas es cuidar las finanzas del país y del conjunto del pueblo. Ciertos sectores creyeron que la presidente Cristina Fernández de Kirchner estaba en guerra con el campo, cuando en realidad las retenciones a las exportaciones, como un pequeño porcentaje de la enorme cantidad de plata que entra al país por exportaciones primarias, no corresponde que se lo queden los pocas empresas que ofician de intermediarias sino que corresponde que se use para mejoras distributivas y para financiar políticas de industrialización generadora de empleo, así como para pagar deuda externa y comprar insumos y tecnología para el desarrollo. Es imprescindible recordar que los intermediarios son los que les compran barato a los productores, a los que producen, para venderlo caro al exterior y a los mercados internos, quedándose con un excedente que no es producto de su trabajo sino de la utilización de su poder económico – financiero – político. Los que trabajan son los productores del campo y las cadenas de distribución y comercialización, no los intermediarios que tienen el poder, y que sin embargo se quedan con el mayor porcentaje del precio final.



La rabia acumulada en todos los que creyeron en los medios, que jamás se sintieron identificados con el conjunto del pueblo favorecido por las políticas populares, llegaron a votar a un candidato que les había anticipado que les bajaría el sueldo, cuando dijo que “el salario es un costo para la empresa y debe reducirse a su máximo posible”. Esto es sólo un ejemplo que muestra como el sentir suele ser más determinante que la razón. Una vez instalado un sentimiento, pareciera que lo que sucede es un intento de justificación racional, pero incapaz de replantearse las decisiones y reflexionar al respecto.



La quita de retenciones a los intermediarios exportadores, incrementaron las ganancias extraordinarias de algunas de las empresas más ricas del mundo, entre las que se nombra a Cargil, Deheza, Grobocopatel, Bunge y Born, y cuatro o cinco más, que pasaron a quedarse con cerca del 10% de la recaudación del Estado, que financiaba anualmente el pago de jubilaciones, subsidios, asignaciones y demás políticas distributivas. En consecuencia, se redujo el poder adquisitivo del salario y las jubilaciones, se quitaron los subsidios al transporte y los servicios, traduciendo el combo en un tarifazo que puso en jaque a los sectores medios, a las empresas pequeñas y medianas (PyMes), a los jubilados y a los más desfavorecidos en la escala social. Además, la quita de retenciones elevó los precios de los alimentos, poniéndolos a precios internacionales. Es como decía Néstor Kirchner: “sabe para qué son las retenciones señora, para que en su mesa usted pueda comprar los alimentos a precios accesibles en vez de pagar precios internacionales”. Si la carne entra a cien pesos, y treinta se los queda el Estado, en la mesa de los argentinos esa carne cuesta setenta, pero sin las retenciones el precio sube a cien. Y por si fuera poco, la eliminación del control cambiario elevó el precio del dólar de diez a quince, y entonces el precio de la carne subió abruptamente de setenta a ciento cincuenta.



La liberación de las importaciones desprotegió a la industria nacional generadora de empleo genuino empeorando las condiciones descriptas en el párrafo anterior. Y recuérdese que cuando Cristina Fernández era presidente decía que “en un mundo que se cae, lo que hay que hacer es incentivar el mercado interno, porque es lo que genera actividad y aumenta el nivel de empleo”, así se eleva el poder adquisitivo de las mayorías y por ende aumenta la recaudación del Estado, que recauda más por Impuesto a las Ganancias, Impuesto al Consumo y por Aportes y Contribuciones. Estos tres son el 75% de la recaudación del Estado.



Mi vecina del cuarto piso estaba contenta cuando ganó Macri, porque “ahora por lo menos hay libertad”. Pero libertad para quien? Cuando le pregunté si estaba comprando dólares me dijo que no, porque su ingreso solo le alcanza para comprar la comida. Sucede que la libertad es para los núcleos del poder financiero trasnacional, para entrar dólares libremente al país, cambiarlos por pesos que se colocan a elevadísimas tasas de interés en letras del Banco Central (LEBACS), y se vuelven a cambiar libremente por dólares para fugarlos libremente del país con sus suculentas ganancias. Es lo que se conoce como “bicicleta finaciera”. Al estimular la especulación financiera, se destruye la inversión productiva generadora de industria y empleo. Y tampoco resulta difícil advertir que la única forma de sostener en el tiempo la bicicleta financiera es con incremento de deuda externa, si por cada 100 millones de dólares que entran para la especulación financiera se retiran 130 millones, sin producir nada ni generar empleo. Esto lo están haciendo por tercera vez, los mismos que lo hicieron con la dictadura cívico – militar de 1976 a 1983, que desapareció 30.000 personas y nos llevó a la guerra de Malvinas, y los mismos que lo hicieron con la Convertibilidad de Cavallo de 1991 al 2001. Cavallo fue el mismo que estatizó la deuda privada en 1982 – deuda de empresas privadas, entre ellas del grupo Macri, que pasó a ser deuda del pueblo argentino –. Ahora Macri es el presidente, y por eso hay tanto sentimiento de rechazo en contra de él.



Lo que propone el autor de éste escrito es pensar acerca de cómo cultivar un sentimiento por aquellas medidas que son favorables para el país y para el conjunto del pueblo argentino, acentuando la visión sobre los trabajadores y los sectores medios y vulnerables, que sin la ayuda del Estado la pasan cada vez peor. Es como decía Néstor Carlos Kirchner: “el Estado tiene que poner igualdad allí donde el mercado produce exclusión”. Como se ve, es inevitable hablar de sentimientos de manera despersonalizada, porque la historia de la humanidad está hecha por seres humanos, y por la forma en que se organizan para producir sus medios de vida. En eso se van construyendo valores, ideales y leyes. Se crea cultura, música, arte, y se comparte con la familia, con amigos y con otros iguales. De eso se trata el modelo popular. De tener como bandera la inclusión social y la igualdad de oportunidades. Eso es amor, eso es sentimiento, que debe vencer al odio, y más cuando ese odio fue inoculado por los medios de comunicación manejados por los enemigos de todos, de quienes se sienten identificados con el Modelo Popular y también de quienes no.

JULIÁN DENARO

5 de marzo de 2018

JULIÁN DENARO (1976), Graduado en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, es Profesor Adjunto en las Universidades Nacionales de Buenos Aires (UBA), del Oeste (UNO) y de La Matanza (UNLAM), y en la Universidad de Belgrano (UB). Es autor de las obras “LOS PROBLEMAS DE LA MACROECONOMÍA”, publicada en 2008, “LOS OBJETIVOS DE LA MICROECONOMÍA”, publicada en 2013, “ECONOMÍA POLÍITCA CON JUSTICIA SOCIAL”, publicada en 2013, “MACROECONOMÍA PARA EL CRECIMIENTO INCLUSIVO”, publicada en 2015 y “DEL PAÍS DIVIDIDO A LA REVOLUCIÓN CULTURAL”, publicada en 2017. Actualmente, es estudiante avanzado de la Licenciatura en Psicología en la Universidad de Buenos Aires (restando cursar 4 materias).


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