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La Plata, Buenos Aires, Miércoles 13 de Diciembre de 2017 -  11:39 am 
OPINIÓN

22-11-2017

"Maradona o Messi: la otra grieta", por Cecilia Alvarez


La grieta Maradona vs Messi no está libre de ideologías ni responde a meras pasiones futbolísticas, está vinculada con un ideal más vasto que el simple modo de juego de un deportista y tiene que ver con la construcción de un sujeto de representación nacional que responde necesariamente a ciertas características que se pretende imponer como “ejemplares”.

Tenemos una cultura basada en dicotomías. La grieta no es, como nos quieren hacer creer los periodistas de los programas de panel, producto del gobierno anterior, sino que viene desde hace mucho tiempo y se extiende más allá del ámbito político a las esferas del deporte e incluso del arte: rojos vs blancos, liberales vs conservadores, peronistas vs radicales, bosteros vs gallinas y hasta escritores de Boedo vs los del grupo Florida.

Así como las anteriormente mencionadas, la grieta Maradona vs Messi, desde mi humilde entender, no está desideologizada ni responde a meras pasiones futbolísticas, está vinculada con un ideal más vasto que el simple modo de juego de un deportista y tiene que ver con la construcción de un sujeto de representación nacional que responde necesariamente a ciertas características que se pretende imponer como “ejemplares”.



Maradona, el héroe de Villa Fiorito, el pibe de los pies excepcionales que salió del potrero y llegó a ganar la copa del mundo, el joven que de la nada pasó a tenerlo todo y en un abrir y cerrar de ojos, después de obtener la gloria máxima, le cortaron las piernas. El Aquiles del futbol, ágil en cuanto a sus pies, pero con una debilidad que le representó la derrota deportiva y el descrédito público como ser humano.

Messi, el nene con problemas de crecimiento al que todos los clubes del país le cerraron las puertas hasta que en España, en la “Madre Patria”, le dieron asilo y tratamiento para que se desarrollara correctamente. El superpibe que ganó todo con su club europeo pero que nunca pudo levantar una copa con la celeste y blanca. El Odiseo, inteligente, de juego astuto y personalidad rebuscada, pero engañosa.

Dos paradigmas del héroe nacional antagónicos no tanto por su personalidad, por su desempeño en la cancha o por su modo de vida, sino fundamentalmente por la construcción que periodistas, intelectuales e ideólogos han hecho de ellos. Por la mitología detrás del héroe.

¿A qué me refiero con “construcción mitológica del héroe”? Me refiero al discurso que convierte a Maradona en el representante de las clases bajas, el nuevo rico, el que tuvo todo y no supo qué hacer con eso. Espontáneo, impulsivo, sincero y directo, Maradona dice lo que siente y lo que piensa sin tener en cuenta las consecuencias. Maradona, el que venció a los ingleses después de que ellos nos ganaran –con ilícitos y delitos de guerra- las islas Malvinas, el que nos reivindicó frente a una derrota que había sido demasiado dolorosa, demasiado injusta y demasiado triste. Pero que también lo convierte en Maradona, el que se divorció de Claudia y empezó a reconocer hijos de distintas mujeres. Maradona el drogadicto, Maradona el de la noche, el que no puede hilar una frase, el de la joda, el que habla sin saber. Maradona el villero, el groncho, el que hace cualquier cosa, el que embaraza a cualquiera. Maradona el antifútbol. Maradona el antihéroe. Maradona el ejemplo de todo lo que no hay que ser.



La versión iconográfica de Maradona es la pasión, el corazón, los sentimientos. Es el Aquiles guerrero que lucha porque es su deber, que siempre defiende lo suyo, que no pierde su honor, y que solo pelea si él quiere, que pelea por vengar la muerte de Patroclo pero no por hacerle el favor a Agamemnón. Es el Aquiles que es pura emoción, pura energía, pura fuerza vital.

Del mismo modo se construyó con Messi (el rosarino) al representante de la clase media, viene de padres que hicieron todo por su hijo. Messi es un repatriado, símbolo del crisol de razas que nos conforma, un híbrido entre lo americano y lo europeo. Messi, que lleva en la piel la camiseta azulgrana del Barcelona. Messi, que no se sabe el himno. Messi que se descompone de los nervios antes de los partidos. Messi con su mujer hermosa y sus varones impecables, con su familia de portarretrato, intachable conducta en la cancha, intachable moral: fiel, dedicado, un verdadero hombre de familia.

Messi –el personaje, no la persona- es la mente, es la razón, es la lógica. Es el Odiseo medido que piensa todo con astucia antes de hablar, antes de moverse, antes de hacer algún acto público. Es el Odiseo expatriado que tiene que atravesar años de adversidad antes de poder volver a casa, o antes de poder llevarse la copa con su camiseta natal.



El periodismo se ha encargado de estigmatizar a Maradona porque Maradona no es funcional al modelo de héroe que necesita la derecha conservadora. Porque Maradona es un hombre posmoderno, es el de la familia ensamblada, el de las relaciones conflictivas, el que se hace cargo de su propia vida, el que dice lo que piensa aunque no guste. Messi, en cambio, es el paradigma de la tradición, el hombre clásico con su familia incuestionable, el hombre ejemplar de libro de texto del siglo pasado. Messi es el políticamente correcto que nunca se equivoca. En todo caso, si algo se le puede cuestionar a Messi es la falta de patriotismo, que al fin y al cabo no parece ser tan grave.

No me parece casual que se hagan construcciones mitológicas de estos dos sujetos. No me parece para nada inocente que no se diga nada de los delitos de evasión de impuestos de Messi, que casi no se hable de que varias veces estuvo a punto de terminar preso por tener sus fondos en paraísos fiscales. No me parece para nada un olvido de la prensa que Messi es, mal que les pese a los hinchas, irrespetuoso de la ley.

Maradona no puede hacer nada sin ser hostigado por la prensa, por haber sido auténtico, por ser él mismo, por ponerse del lado de los pobres y ser amigo de Fidel, de Chávez, de Cristina. El delito de Maradona fue haber sido adicto. La condena social a la adicción de Maradona responde a la lógica conservadora de culpar a la víctima. Hoy sabemos que la adicción es una enfermedad que uno padece, sin embargo se lo responsabiliza de su adicción como si tuviera la culpa de todo lo que le pasó a él y, más aún, de todo lo malo que nos pasó desde su caída futbolística. Se culpa a un sujeto que en realidad no hizo más que hacer lo que podía con lo que tenía, o como diría Sartre, con lo que los demás hicieron de él.



El periodismo ha construido con la figura de Messi un ícono de la clase media, un modelo a seguir de la sociedad de valores conservadores y moral pequeño burguesa, y se ha apoyado en esa versión de Messi para destruir al ídolo que alguna vez fue Maradona y transformarlo en ícono de la decadencia, en antihéroe al que debemos evitar parecernos.

No vaya a ser cosa que tengamos como líder a un hombre que reivindica a la cultura popular, que valora el esfuerzo que hace la gente de los sectores más bajos (económicamente, claro está, porque los sectores más bajos moralmente son otros). No vaya a ser cosa que tengamos como ídolo a un hombre que cometió errores y que se hizo cargo de ellos, a un hombre que luchó contra las adicciones y salió con todo en su contra. No vayamos a tener como ejemplo a un hombre que se hizo solo desde abajo, que siempre tuvo que nadar contra la corriente, que siempre estuvo en el blanco de todos los ataques periodísticos y aún así se hizo respetar.

No vaya a ser cosa que tengamos como héroe a un hombre que no se preocupó por aparentar una vida que no tenía sólo para evitar el qué dirán.

Messi vs Maradona. Maradona vs Messi. No son dos futbolistas, son dos estilos de vida. Claramente hay una bajada de línea que trasciende lo deportivo y utiliza la grieta inocente del futbolero desprevenido para instaurar un modelo de comportamiento alienado que nos aleje de la revolución popular y de la transparencia y honestidad, ponderando la falsedad y la hipocresía que han mantenido al capitalismo como sistema dominante durante el último siglo.

*La autora es docente, escritora y ensayista

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